Rompiendo paradigmas

Publicado por Waldylei el 28 de abril de 2012 en Investigación - (0 Comentarios)

¿Qué es un paradigma? Se entiende por paradigma aquel modelo que puede seguirse continuamente, a veces hasta automático, que marca el comportamiento de una persona o un grupo de ellas. Por otro lado, cuando hablamos de un paradigma en la investigación se refiere al método o a la serie de pasos a seguir para su realización. Este método, del cual se habla, va depender de la naturaleza de la investigación. Actualmente se manejan tres tipos de investigación: positivista, interpretativa y socio-crítica. Por supuesto, el nacimiento de estos tipos de enfoques en la investigación ha dependido mucho del contexto histórico y social, por ejemplo, del surgir de la modernidad y post-modernidad.
Si hablamos de la modernidad que imperaba hasta los años sesenta, en el contexto de la investigación educativa, ésta estaba regida por la investigación cuantitativa cuya principal característica era apoyarse en las ciencias exactas, queriendo de igual manera ser exactos en las conclusiones a las que se llegase. Ese enfoque rígido positivista tenía sus limitantes, pues existían cosas a las cuales no podía darle respuesta porque se necesitaba más que estadísticas, por ejemplo. Motivado por estas carencias, y con el surgir del postmodernismo en los años setenta, nacen las investigaciones cualitativas que vienen de alguna manera a complementar, o a cubrir lo que lo cuantitativo no podía cubrir.
Si vamos a realizar una investigación acerca de la situación de embarazos precoz en el IPB, pudiéramos realizarlo a nivel de estadísticas como el enfoque cuantitativo, pero, por otro lado, también podríamos tomarlo desde el enfoque cualitativo, donde además de existir cálculos estadísticos se podría hablar personalmente con las chicas afectadas, a través de entrevistas, y que el investigador conozca más a fondo su realidad, llegando a ser conmovido por lo que le cuente la entrevistada, resultando que, en este último caso, la investigación sea más completa, más social. Para efectos del enfoque cuantitativo, el investigador es un espectador de la situación que está estudiando, por el contrario en el cualitativo es un personaje dentro de aquella situación, por tanto, no sólo investigará los valores de los actores sociales sino que también estarán sus propios valores inmersos en aquella investigación.
Sin embargo, aunque el enfoque cualitativo sea más completo que el cuantitativo, aún posee limitantes. Por ello se da paso al nacimiento de las investigaciones socio-críticas, donde además de describir la situación y mostrar estadísticas, se busca plantear soluciones en pos de alcanzar una transformación de esa realidad, con el fin de encontrar beneficios para los involucrados.
En resumen, comenzamos con un enfoque que pudiera sólo decir cuánta es la población afectada por un problema, pero al ser esto muy limitado, se dio paso al enfoque que, además de lo dicho, describe una realidad y expone las vivencias de las afectadas. Pero, a pesar de haber llegado a este punto, aún no es suficiente, de allí nace el enfoque que plantea la transformación de la realidad.
Por todo lo dicho, resulta evidente los cambios de los enfoques a través del tiempo, esos cambios que permiten completar el trabajo realizado, porque se intenta cubrir las limitantes o carencias que tenían los enfoques anteriores. Es decir, se venía trabajando con un enfoque especifico, dentro de ese paradigma, pero se llegó a la conclusión de que se estaban dejando cosas por fuera, por tanto, era preciso “romper” ese paradigma para adicionar elementos necesarios que a su vez ayudaran a las investigaciones. En los trabajos sociales era preciso tener nuevas variables que permitieran estudiar, por ejemplo, los valores de una comunidad, pero eso no se podía hacer a base de números, por tanto, surge el enfoque de las cualidades. Allí es donde se presenta este “romper paradigmas”.
Pero, ¿por qué romper paradigmas? Es necesario romperlos porque esto permite la evolución de las cosas, en este caso la evolución de los enfoques para la investigación, de esa manera se va haciendo un trabajo más completo y más útil para la sociedad, puesto que las investigaciones tienen un fin social, o así debería ser, y no debe limitarse a lo estrictamente académico pues las investigaciones que quedan guardadas a nadie beneficiarán.

Waldylei Yépez

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El Principito – Antoine de Saint-Exupéry

Publicado por Waldylei el 28 de marzo de 2012 en Autores - (0 Comentarios)

EL PRINCIPITO

A. De Saint – Exupéry

A Leon Werth:

Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo una seria excusa: esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otra excusa: esta persona mayor es capaz de entenderlo todo, hasta los libros para niños. Tengo una tercera excusa: esta persona mayor vive en Francia, donde pasa hambre y frío. Verdaderamente necesita consuelo. Si todas esas excusas no bastasen, bien puedo dedicar este libro al niño que una vez fue esta persona mayor. Todos los mayores han sido primero niños. (Pero pocos lo recuerdan). Corrijo, pues, mi dedicatoria:

A LEON WERTH

CUANDO ERA NIÑO

I

Cuando yo tenía seis años vi en un libro sobre la selva virgen que se titulaba “Historias vividas”, una magnífica lámina. Representaba una serpiente boa que se tragaba a una fiera.

En el libro se afirmaba: “La serpiente boa se traga su presa entera, sin masticarla. Luego ya no puede moverse y duerme durante los seis meses que dura su digestión”.

Reflexioné mucho en ese momento sobre las aventuras de la jungla y a mi vez logré trazar con un lápiz de colores mi primer dibujo. Mi dibujo número 1 era de esta manera:

Enseñé mi obra de arte a las personas mayores y les pregunté si mi dibujo les daba miedo.

-¿por qué habría de asustar un sombrero?- me respondieron.

Mi dibujo no representaba un sombrero. Representaba una serpiente boa que digiere un elefante. Dibujé entonces el interior de la serpiente boa a fin de que las personas mayores pudieran comprender. Siempre estas personas tienen necesidad de explicaciones. Mi dibujo número 2 era así:

Las personas mayores me aconsejaron abandonar el dibujo de serpientes boas, ya fueran abiertas o cerradas, y poner más interés en la geografía, la historia, el cálculo y la gramática. De esta manera a la edad de seis años abandoné una magnífica carrera de pintor. Había quedado desilusionado por el fracaso de mis dibujos número 1 y número 2. Las personas mayores nunca pueden comprender algo por sí solas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones.

Tuve, pues, que elegir otro oficio y aprendía pilotear aviones. He volado un poco por todo el mundo y la geografía, en efecto, me ha servido de mucho; al primer vistazo podía distinguir perfectamente la China de Arizona. Esto es muy útil, sobre todo si se pierde uno durante la noche.

A lo largo de mi vida he tenido multitud de contactos con multitud de gente seria. Viví mucho con personas mayores y las he conocido muy de cerca; pero esto no ha mejorado demasiado mi opinión sobre ellas.

Cuando me he encontrado con alguien que me parecía un poco lúcido, lo he sometido a la experiencia de mi dibujo número 1 que he conservado siempre. Quería saber si verdaderamente era un ser comprensivo. E invariablemente me contestaban siempre: “Es un sombrero”. Me abstenía de hablarles de la serpiente boa, de la selva virgen y de las estrellas. Poniéndome a su altura, les hablaba del bridge, del golf, de política y de corbatas. Y mi interlocutor se quedaba muy contento de conocer a un hombre tan razonable. (más…)

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No oyes ladrar los perros

Si —>

Nudo —>

Desenlace —>

Sf

El padre lleva al hijo en hombros rumbo a Tonaya. Discute con el hijo, y él va herido sobre sus hombros. Llegan al pueblo y el padre escucha los ladridos de perros al quitarse al hijo de los hombros. El padre le reprocha al hijo no haberle ayudado con la esperanza que tenía.

Si: Situación inicial.
Sf: Situación final.

Clasificación del Narrador según el criterio aplicado al texto de Juan Rulfo

1° Criterio: Narrador como figura.

Corresponde al Narrador No Representado dentro de esta clasificación, nada de lo que da a conocer corresponde a sí mismo. Además, pertenece al subtipo de Narrador objetivo pues relata desde una focalización externa.

Ejemplo:

“La sombra larga y negra de los hombres siguió moviéndose de arriba abajo, trepándose a las piedras, disminuyendo y creciendo según avanzaba por la orilla del arroyo. Era una sola sombra, tambaleante”.

2° Criterio: Según el grado de conocimiento.

En este caso, estamos en presencia de Omnisciencia relativa puesto que el narrador no conoce toda la información, sino que a través de los comentarios de los personajes podemos conocer más sobre el relato.

Ejemplo:

“Él apretaba los dientes para no morderse la lengua y cuando acababa aquello le preguntaba:

- ¿Te duele mucho?

- Algo – Contestaba él”.

3° Criterio: Según la elaboración de los hechos.

Encontramos un Mínimo grado de elaboración de los hechos, esto se debe a que el narrador sólo se encarga de presentar los hechos y no entrega interpretaciones sobre lo que relata.

Ejemplo:

“La luna iba subiendo, casi azul, sobre un cielo claro. La cara del viejo, mojada en sudor, se llenó de luz. Escondió los ojos para no mirar de frente, ya que no podía agachar la cabeza agarrotada entre las manos de su hijo”.

4° Criterio: Según la manera de entregar el mundo.

La dirección en que el narrador da a conocer los objetos y el mundo narrado es Diegética, puesto que da a conocer los hechos que ocurren en el relato pero de manera cerrada, es decir que sólo se preocupa de la descripción del mundo representado.

Ejemplo:

“Allí estaba ya el pueblo. Vio brillar los tejados bajo la luz de la luna. Tuvo la impresión de que lo aplastaba el peso de su hijo al sentir que las corvas se le doblaban en el último esfuerzo. Al llegar al primer tejabán, se recostó sobre el pretil de la acera y soltó el cuerpo, flojo, como si lo hubieran descoyuntado.

Destrabó difícilmente los dedos con que su hijo había venido sosteniéndose de su cuello y, al quedar libre, oyó cómo por todas partes ladraban los perros”.

Waldylei Yépez

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Rafael Cadenas – La gramática contra la lengua

Publicado por Waldylei el 18 de enero de 2012 en Autores - (0 Comentarios)

Voy a permitirme una afirmación que, al pronto, puede parecer excesiva: en Venezuela nunca se ha enseñado castellano.
Lo que se ha hecho es majar la cabeza de los estudiantes con el estudio que más aleja del idioma -aunque pensemos que debería acercarlo a él- y con mucha frecuencia lo torna aborrecible: el estudio de la gramática.
Ésta ha sido una perniciosa confusión.
De lo que se trataba, y así lo indica el nombre de la materia, era de enseñar castellano, pero se tomó el rábano por las hojas.
El absurdo trastrueque ha dado lugar al más deplorable capítulo de nuestra educación.
Hace casi veinte años, Ángel Rosenblat llamaba la atención sobre este problema en La educación en Venezuela: Voz de alerta. Si hubiera sido tomado en cuenta, este libro apremiante nos habría puesto en camino de afrontar muchas fallas de nuestra educación que, al contrario, han ido acentuándose sin que hasta ahora se haya intentado seriamente  corregirlas. Ignoro qué suerte real ha corrido entre los lectores este libro de Rosenblat. Me refiero al destino silencioso de las obras. En todo caso, la situación con respecto a la lengua ha empeorado.
En el ensayo, más que artículo, “La gramática y el idioma”, del libro mencionado, dice Rosenblat:

¿No es inquietante y extraño que siendo la lengua el más portentoso de los dones humanos, su enseñanza, en escuelas y colegios, se haya convertido en la más ingrata y fastidiosa de las asignaturas? Habrá que analizar a qué se debe un hecho tan sorprendente y doloroso.
Se debe, creo yo, a una aberración. Los maestros y profesores han sustituido el aprendizaje y perfeccionamiento de la lengua por el aprendizaje de la gramática.
Digámoslo más crudamente aún: en lugar de la lengua, imponen a los alumnos un manualito de gramática, lleno de definiciones absurdas, o por lo menos muy discutibles.

El ensayo aclara, creo que de manera muy definitiva, la confusión. La gramática no es la vía para aprender la propia lengua. Ni tampoco, a mi ver, cualquier otra. Rosenblat escoge bien a sus testigos.
Trae en su apoyo declaraciones de Unamuno, Américo Castro, Rodolfo Lenz, Jacob Grimm, Goethe, Buffon, Pierre Loti, Renan, France, Gorki, Valle-Inclán, Croce, Ortega, Azorín y otros. Todos descalifican la gramática, ya como medio de aprender el idioma materno, ya como material útil para el escritor.
Lo que dice Rosenblat, y otros antes y después de él, no creo que lo ignoren muchos maestros y profesores, pero continúan haciendo lo de siempre, martillándoles a los estudiantes una gramática que ni siquiera es parda. ¿A qué atribuir esta obstinación? ¿Estupidez? ¿Fuerza terrible de la inercia? ¿Rigidez esclerótica del sistema educativo que no permite variaciones individuales? ¿Resignación a una rutina a sabiendas de que constituye una pérdida de tiempo? Sea cual fuere la causa, son poco disculpables. Habría que hacerles ver que su tarea es enseñar un idioma, el que ya hablamos, pero que cada día se nos vuelve más extranjero, que deben prescindir de la gramática, aunque podrán usar nociones necesarias, y que para enseñarlo tienen antes que conocerlo, es decir, hablar y escribir bien. Aquí comienza la dificultad que el Estado no ha tomado nunca en consideración, pues asunto de Estado es la lengua. ¿Conocen bien el castellano los maestros y profesores encargados de su enseñanza?
La tarea es capital. Ya Nietzsche encarecía, con su vehemencia característica, la importancia de la lengua:

Hoy todos hablan y escriben naturalmente la lengua alemana con la ineptitud y la vulgaridad propias de una época que aprende el alemán en los periódicos. Por eso el adolescente que está creciendo y está dotado más generosamente, habría que colocarlo por la fuerza bajo la campana de vidrio del buen gusto y de una rígida disciplina lingüística: si eso no es posible, prefiero volver en seguida a hablar en latín, ya que me avergüenzo de una lengua tan desfigurada y deformada.
Una escuela mejor no podrá tener otro objetivo a ese respecto que el de llevar al camino recto, con autoridad y rigor digno, a los jóvenes lingüísticamente corrompidos y exhortarles así:
“¡Tomad en serio nuestra lengua! Quien no consiga sentir un deber sagrado en ese sentido no posee ni siquiera el germen del que pueda surgir una cultura superior”.

Nietzsche lanza innumerables saetas contra el periodismo; es su costumbre. Pero hoy me parece necesario atemperar sus afirmaciones. Hasta habría que responder, con pena, a su clamor, el clamor de la gran cultura, recordando que el lenguaje del periodismo, a pesar de sus defectos, es en general más rico que el usado por el hombre corriente. Ante el empobrecimiento general, lo que Nietzsche estigmatiza ya no es tan pobre, ocupa como un lugar medio entre la alta cultura y el nivel general. Es en este último donde deben estar sonando todas las alarmas que no se oyen, las alarmas que anuncian el descenso.
Me ha llamado mucho la atención la importancia que le otorga al bachillerato. Lo considera el eje de toda la educación, y por eso fustiga al de su época, ¡al bachillerato alemán del siglo XIX!, por no estar a la altura que una verdadera formación exigiría. La conclusión a que llega Nietzsche no puede ser más oportuna ni valedera ni dramática para nuestro ámbito:

El bachillerato ha desatendido hasta ahora el objeto primordial e inmediato, de que arranca la cultura auténtica, es decir, ha desatendido la lengua materna: le falta así el terreno natural y fecundo en el que pueden apoyarse todos los esfuerzos culturales posteriores.

Aquí Nietzsche viene en apoyo de una idea que ha ido afirmándose en mí, la de que no es la lengua una materia más que deba estudiarse como cualquier otra, sino la materia de las materias, el instrumento que permite todos los demás estudios, la base del edificio, o mejor, del templo, y merece una consideración diferente, pero teniendo un cuidado sobre el que Bollnow nos avisa: una “educación idiomática demasiado consciente” tiene un peligro, el de dirigirse con exclusividad “a la belleza y elegancia del lenguaje”, lo que puede conducir al

… riesgo típico de la retórica, del habla afectada, del placer inspirado por la palabra sonora y bien formada que se desliza sobre las cosas, más aún, que se aparta de su objetivo propiamente dicho en aras del placer brindado por una bella formulación. He aquí el curioso peligro que implica todo cultivo en exceso consciente del lenguaje. El lenguaje se convierte en objetivo de sí mismo.

Bollnow considera perjudicial ese cultivo de la lengua, pues lleva a “la vacuidad del palabrerío”. El objetivo es lograr no “la expresión bella sino la exacta y acertada”. Lo que Bollnow procura es prevenirnos contra el narcisismo de la lengua, contra la lengua convertida en fin de sí misma. Pero estamos muy lejos de ese peligro: sólo acecha a culturas de buena formación lingüística. En Venezuela tenemos que empezar por el primer peldaño: por mejorar el uso de nuestra propia lengua. ¿Y cuál es la vía natural para su enseñanza? Pues la lectura. No nos andemos más por las ramas. No sólo es la vía natural sino la única. En ese punto no existe duda entre los que se han ocupado del asunto.
Lectura, pues, lectura constante, lectura atenta al lenguaje, lo cual supone que el maestro o el profesor sean lectores, y aquí comienza otro escollo. ¿Cuántos los son en verdad? Tendrían que gustar de los buenos escritores para poder contagiar a los estudiantes, pero esto nos conduce a otro aspecto del problema: la enseñanza de los que van a enseñar, el educar al educador.
Con respecto a la lectura habría que seleccionar obras que interesen al estudiante. Tal vez sea mejor que comience por leer obras modernas, y vaya luego adentrándose en el mundo de los clásicos. Me parece absurdo obligar a estudiantes que nunca han leído un libro, ni siquiera moderno, a leer el Mío Cid sólo porque lo exige un programa necio. Es preferible que el viaje sea desde nuestro hoy al ayer. El centro de la clase de castellano sería entonces la lectura y la conversación -sí, la conversación, que es necesario reivindicar- en torno a lo leído, sin perder de vista el hecho de que la lengua rebasa la idea de materia de clase.
En todo caso, si no es posible romper con la inercia, y continúa la dictadura del recorrido usual, debería hacerse una selección que se adapte al estudiante, y más limitada, para lograr que las obras sean realmente leídas. Los programas suelen ser muy extensos, y las clases de literatura se limitan a suministrar una información inútil. Sin lectura, constituyen una pérdida de tiempo. Es mejor que el estudiante de bachillerato lea bien tres o cuatro libros por año a que pase en volandas sobre reseñas y capítulos de obras, por cumplir con un estúpido requisito meramente formal.
¿Cuál es la finalidad de una clase de literatura? Pues hacer que ésta se convierta en un goce para el estudiante. Es el primer paso y el más importante. Lo demás viene después, si ha de venir, y si no, no importa, siempre que el primer paso tenga la firmeza necesaria como para sostenerse a través de los años. Es decir, métodos, críticas, análisis profesionales no deben anteponerse al hecho primario del goce que proviene del contacto con la obra de los escritores. Ellos -sería descaminador olvidarlo- no han escrito nunca para especialistas, para profesores o estudiantes de letras, sino para los hombres. Volvemos siempre al mismo punto: para crear afición por la literatura, quien enseña debe tenerla. Tomamos a lo que surge y resurge como requisito imperioso. Se necesitan maestros y profesores que tengan un gusto genuino por la literatura, pues sólo ellos podrán comunicarlo, y no trasmisores mecánicos de nociones recogidas en universidades o pedagógicos. Éste no es un problema de técnicas o metodologías o programas sino de sensibilidad. La sensibilidad es el elemento que no puede estar ausente.
Así pues, habría que preparar a las personas que van a enseñar, creando en ellas el gusto por la lengua a través de la única manera que conozco: la lectura de los mejores escritores y traductores.
Los programas también deberían ser revisados. Son irreales. Por pretender abarcar demasiado, les indican a los estudiantes gotas de este o aquel escritor, pero nunca un vaso completo de su buen vino. Sería preferible que el estudiante leyera tres o cinco obras en un año que diez pasajes.
La clase ha de ser algo vivo. Si no, es mejorar esperar hasta tener las personas que puedan hacer este trabajo. Un trabajo más importante que el también muy útil de hacer casas y edificios, pues tiene que ver con la construcción interna de los seres, por lo que ninguno puede igualársele. A menos que prefiramos la solidez de las ciudades -que nadie osaría impugnar- a la solidez de las personas.
Después tocaré de nuevo, en forma más amplia, estos aspectos de la enseñanza de la literatura.

Rafael Cadenas
Biografía del autor en Wikipedia.

* * *

Transcrito del libro En torno al lenguaje de Rafael Cadenas, 2009.

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Desarrollo curricular por competencias

Publicado por Waldylei el 15 de diciembre de 2011 en Docencia - (0 Comentarios)

Desde que se comenzó con el Desarrollo Curricular se han generado diversos cambios a través del tiempo, cambios que si bien han sido significativos, dentro de la época en que se implementaron, no es menos cierto que también el tiempo ha demostrado que han sido insuficientes puesto que se necesitaba seguir mejorando el currículo respectivo.
Es así como entran a protagonizar nuevas propuestas curriculares, sobretodo propuestas que intentan hacerle frente a la nueva era de la información que ha revolucionado con sus cambios a la sociedad, por tanto, estas propuestas curriculares invitan a revisar y desarrollar el currículo actual con el objetivo de renovar la escuela y transformar la llamada educación del siglo XXI. Dentro de estas nuevas propuestas, y la que se considerara en este texto, está el Currículo por Competencias. Sin embargo, antes de hablar de dicha propuesta resulta conveniente revisar la relación del Currículo con la Investigación, para ello podemos citar el documento denominado “Desarrollo curricular por competencias apoyado en la investigación” (Transformación Curricular de los Estudios de Postgrado en la UPEL): “… [El currículo] al concebirlo como un proceso de investigación, creación y desarrollo continuo, se convierte en el eje integrador de las funciones universitarias que logra su concreción en escenarios de aprendizaje que compete a la construcción colectiva”. En palabras más especificas, la investigación insertada en el currículo favorece los nexos de conocimiento con la realidad social y su aplicación pedagógica.
Como podemos notar, la investigación va contribuir a la relación entre el currículo y la realidad social, justo esta relación en combinación con otros elementos van a dar lugar al ya nombrado Currículo por Competencias.
¿Cuál es la idea de este currículo? Para poder comprenderlo vamos a revisar el concepto de competencias claves o competencias básicas expuesto por Ángel Pérez Gómez en su presentación “Competencia y Currículo: Transformar el currículo para reinventar la escuela” (2007) realizada en el marco del IV Congreso Regional de Educación de Cantabria. Según Pérez Gómez, “las competencias claves son la capacidad de responder a demandas complejas y llevar a cabo tareas diversas de forma adecuada en torno a contextos y a demandas claves. Supone una combinación de habilidades prácticas de conocimientos sustantivos, de valores éticos, de aptitudes, de emociones y de otros componentes sociales y de comportamiento que se movilizan conjuntamente para lograr una acción adecuada y eficaz”. Como se puede notar es un término holístico, multidimensional. ¿Por qué es esto? Porque las competencias son sistemas abiertos, donde todos los elementos están interrelacionados, y donde el todo es mucho más que la suma de las partes. Además, como sistema complejo, las competencias abarcan conocimientos, valores, disposiciones o actitudes, emociones… todo el conjunto que compone al individuo.
Pérez Gómez afirma: “El aprendizaje, más que acto individual, es un proceso que se desarrolla en concretas situaciones sociales”. Es por ello que las competencias son multidimensionales, pues actúan con contextos concretos.
Él hace muchísimo énfasis en la importancia de las disposiciones o actitudes, importancia que radica en hacer que la capacidad se convierta en acción, pues no hay competencia si no hay disposición. “Tan importante como los conocimientos, son las actitudes”, dice.
Básicamente, las competencias son sistemas complejos de saber, de saber hacer, de querer hacer. Se busca lograr que los alumnos sepan, que sepan hacer y sepan aplicar y que quieran aprender, desarrollar, aplicar, etc.
¿Por qué es necesario transformar la escuela? Resulta importante enmendar las fallas que aún persisten en la escuela como, por ejemplo, el tema de la memorización. El conocimiento no llega por la capacidad de memorizar hechos aislados, el conocimiento llega por la capacidad de razonar, es ella la que da utilidad a una información para proyectarnos en una interpretación. Si se memoriza puede haber éxito académico, pero habrá fracaso educativo y social. Por otro lado, el conocimiento en la escuela debe tener un valor de uso y no sólo de cambio por notas.
Además, a esto debe añadirse lo dicho por Manuel Castells, citado por Pérez Gómez, ésta “más que una época de cambios, es un cambio de época”. Las necesidades cambiaron, ahora existen nuevas exigencias de la sociedad contemporánea (sociedad de la información), por tanto, al tener cambios sustanciales se necesitan respuestas sustanciales.
En definitiva, el currículo debe nutrirse de los problemas actuales, de la complejidad de los problemas actuales, de los contextos reales, pero utilizando instrumentos distintos, procedimientos distintos. El uso de nuevas estrategias e iniciativas contribuirán a mejorar el capital humano y, por ende, a mejorar a la sociedad.

Waldylei Yépez

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